Los concentrados de factor se pueden
administrar en forma de bol (dosis única repetida según
las necesidades) o en infusión continua.
Esta última modalidad se utiliza cuando se tienen que
mantener niveles plasmáticos altos de factor durante un período
alargado, tal y como pasa en las hemorragias agudas graves o durante las
intervenciones quirúrgicas.
El tratamiento profiláctico se aplica a enfermos con
deficiencia grave (factor VIII o IX inferior al 1%) para evitar la aparición
de artropatía secundaria a las hemartrosis repetidas.
Se empieza en los primeros años de vida y consiste
en la administración de tres dosis semanales en hemofilia A y dos
dosis en hemofilia B para mantener niveles mínimos superiores al
1-2% de forma permanente. Las dosis oscilan entre 30 y 50 UI por kg de
peso.
Muchas veces, empezar este tratamiento tan pronto es difícil
porque no se dispone de accesos venosos adecuados y es necesario implantarlos,
solución no exenta de complicaciones, especialmente las infecciones.
3.4. Otros tratamientos
A veces, un análogo de la vasopresina, el acetato de
desmopresina (DDAVP o Minurinâ), administrado por vía nasal
o intravenosa, puede ser útil para la profilaxis o para el tratamiento
de las hemorragias leves en enfermos con hemofilia A moderada o leve.
Este fármaco provoca un aumento inmediato pero transitorio
de los niveles de factor VIII y no tiene efectos secundarios notables,
exceptuando rubor facial y conjuntival transitorios.
Los antifibrinolíticos (ácido tranexámico
o Amchafibrinâ y ácido épsilo-amino-caproico o Caproaminâ)
son una buena opción como tratamiento coadyuvante a las hemorragias
de mucosas, exceptuando las hematurias. Se administran por vía
oral o intravenosa y son muy bien tolerados.
Existen también hemostáticos por vía
tópica como la trombina liofilizada, colágeno y otros, que
no han demostrado demasiada eficacia.
En cambio, otras substancias preparadas comercialmente (Tisucol®)
son capaces de producir un coágulo de fibrina y son útiles
al aplicarlas como hemostáticos sobre las heridas.
3.5. Complicaciones del tratamiento con factores de coagulación
Actualmente el nivel de seguridad en relación a la
transmisión de virus patógenos conocidos es muy elevada
como consecuencia de todas las medidas que se han establecido en los últimos
años, y que se han descrito en el apartado anterior.
En este sentido es necesario destacar que el objetivo principal
del desarrollo de nuevos productos es la minimización del riesgo
de transmisión de enfermedades.
Aunque en los últimos años se ha producido
una cierta alarma en relación a la posible transmisión de
la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob por los factores, en
base a los conocimientos actuales se puede afirmar que este riesgo es
muy bajo o inexistente.
La formación de inhibidores, continúa siendo
hoy en día una de las complicaciones más graves del tratamiento
de la hemofilia.
Aunque en un principio se creyó que la utilización
de productos recombinantes se asociaba a una mayor incidencia de inhibidores,
los estudios recientes indican que su aparición es parecida en
los dos tipos de factor, plasmático y recombinante.
Otras complicaciones del tratamiento con factores de coagulación,
como pueden ser las alteraciones de la función inmune o las complicaciones
tromboembólicas, han sido muy minimizadas con la utilización
de productos de elevada pureza.
3.6. Los inhibidores
Los inhibidores del factor VIII y IX son anticuerpos que aparecen
en algunos enfermos hemofílicos después de recibir concentrados
del factor correspondiente.
Estos anticuerpos son capaces de neutralizar el factor administrado
condicionando que el tratamiento sea ineficaz.
En la actualidad es la complicación más grave
de los enfermos hemofílicos, ya que dificulta mucho la prevención
y el tratamiento de las hemorragias.
Aparecen en aproximadamente el 25% de los enfermos con hemofilia
A y en el 5% de los afectados de hemofilia B.
Generalmente, se producen después de las primeras administraciones
de factor, apareciendo en enfermos muy jóvenes.
Actualmente se sabe que el tipo de mutación del paciente
constituye un factor de riesgo para la formación de inhibidores,
y se ha detectado una mayor incidencia de inhibidores asociada a determinadas
mutaciones del gen del FVIII.
Cabe sospechar la presencia de un inhibidor cuando la respuesta
clínica al tratamiento no es la esperada.
Aunque la eficacia del tratamiento sea correcta, es recomendable
hacer la determinación periódica de la presencia de inhibidores
mediante análisis de laboratorio, basados en la capacidad que tiene
el plasma del enfermo de neutralizar, en el laboratorio, el factor VIII
o el factor IX.
La actividad de los inhibidores se mide en Unidades Bethesda
(UB).
Una UB/ml es la actividad de un inhibidor capaz de neutralizar
0.5 unidades de factor VIII o factor IX.
Se consideran inhibidores de baja respuesta a los que no
superan las 10 UB, y de alta respuesta a los que tienen una actividad
superior a las 10 UB.
3.7. Alternativas terapéuticas en los enfermos hemofílicos
con inhibidor. Anulación del inhibidor:
Cuando el título del inhibidor es bajo, se pueden utilizar
dosis más altas de factor VIII o factor IX para el tratamiento
de las hemorragias.
El factor VIII porcino tiene las mismas calidades hemostáticas
que el factor VIII humano y en algunos enfermos no es reconocido por el
inhibidor.
Puede producir efectos secundarios, como reacciones alérgicas
y trombocitopenia, aunque han mejorado con los nuevos métodos de
purificación; actualmente se utiliza poco.
Los concentrados de complejo de protrombina activada han
demostrado su eficacia terapéutica, aunque tampoco están
exentos de efectos secundarios al utilizarlos en dosis elevadas (por ejemplo,
trombosis). Se utilizan en dosis de 50-100 UI por kg cada 8-12 horas.
Desde hace unos años, el factor VIIa recombinante es
otra alternativa terapéutica muy eficaz. Su inconveniente es su
corta vida media en el plasma, lo que requiere administraciones cada 2-3
horas para el control de las hemorragias.
Tal y como pasa en los enfermos sin inhibidor, es necesario
utilizar medidas complementarias como reposo, inmovilización, aplicación
de frío local, etc.
Dado que las alternativas terapéuticas en los enfermos
con inhibidor son más limitadas, una vez diagnosticada la presencia
del inhibidor, es necesario plantearse su anulación; es el llamado
tratamiento de inmunotolerancia.
Consiste en administrar inyecciones repetidas (generalmente
diarias) del factor de coagulación que falta (VIII o IX) con la
finalidad de que el sistema inmunitario del propio enfermo se vuelva tolerante
al factor deficitario, efecto que se consigue en un 75-85% de los enfermos
tratados.
Actualización: 29/03/05(fo)
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